
Titanes de Discoteca
Por Mikel López
Hercules and Love Affair son un genuino producto del underground neoyorquino. Sólo en la subterránea escena de los clubes de la ciudad un músico veinteañero llegado de Denver (Andy Butler) podría haber reunido para su proyecto a una enigmática cantante transexual (Nomi), a una diseñadora de joyas y dj lesbiana hawaiana (Kim Ann Foxmann), y a Antony Hegarty, cantante gay con voz de Nina Simone y aspecto entre Divine y Falete, también conocido como cabeza visible de Antony and The Johnsons.
La polisexual formación, que uno imagina forjada en antros de moralidad relajada como el de la película
Shortbus, se beneficia de las muy especiales personalidades de cada miembro. Suman doble, eso sí, la voz y la sensibilidad única de Antony, y el sorprendente talento de Butler, que se revela como el desconocido que la música electrónica de baile necesitaba para volver a brillar tras años de predominio del rock.En su estreno discográfico, Butler se ha empleado a conciencia para recuperar la euforia vivida en en los primeros días del house en los clubes de Nueva York y Chicago de mediados de los ochenta. Tiempos en que los temas de este género no eran machachonas sucesiones de ritmos encaminados a mover a una audiencia empastillada, sino canciones con letra y melodía que reivindicaban el amor, la libertad sexual y el sentimiento de comunidad a través de la cultura del baile.
Con las enseñanzas de los pioneros de aquella época instaladas en su disco duro, Hercules and Love Affair practica el equilibrio entre el espíritu hedonista y la querencia por transmitir sentimientos complejos y sinceros. Quieren divertir, pero no cargan las tintas en la ironía y el petardeo como unosScissor Sisters; buscan algo más que el puro entretenimiento, pero no adoptan las poses arty deThe Rapture y otras bandas del dance-punk de la Gran Manzana.
Al contrario que otros artistas de su sello, DFA,el Hercules and Love Affair prescinden del rock en la construcción de su sonido, y están más ligados a la tradición del pop de sintetizadores. Sin embargo, su primer trabajo tampoco se deja meter con facilidad en el cajón de la música de baile: llenapistas como Blind o You belong se combinan con impecables cortes lentos como Easy oTime will. Ni siquiera el tema sobre el que gira el álbum cae en lo convencional: la obsesión por la mitología griega -los títulos de dos canciones, Iris y Athene, son nombres de diosas- no suele aparecer en los recopilatorios de tecno al uso.
Hercules and Love Affair se corona así como nuevo salvador del disco, y por su originalidad, el debut de los neoyorquinos a buen seguro aparecerá en las listas de lo mejor del 2008. Ya sólo queda rezar para que el proyecto no se rompa y siga produciendo obras tan satisfactorias como ésta.

