PJ Harvey - White Chalk
Cargado por conchinette
La vida es un viaje en paracaídas y no lo que tu quieres creer.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro zenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
Vicente Huidobro
Reinventarse luego de cada creación, ser capaz de mudar los ropajes con los que se ganaron batallas anteriores, incorporar a las ideas y a la inspiración atavíos precisos y frescos, asumir el riesgo que conlleva patear las formulas que aseguran el reconocimiento y el triunfo, eso fue lo que consiguió Polly Jane Harvey en White Chalk (Island/Universal), su más reciente placa.
En esta oportunidad se hizo a una mar tormentosa, enfrentándola con los mínimos aparejos: una reducida escala del piano recién aprendido, bajo y guitarra eléctrica, harmónicas, citaras germanas, harpas desvencijadas, discretas percusiones, en fin, instrumentos que se subordinan a un registro vocal oscilante entre el falsete y el delirio.
De aquellos estremecedores Dry y Rid Of Me, de los melódicos To bring you my love y Stories from the city, stories from the sea o de los intimistas Is this desire? o Uh huh her, tan sólo queda un aliento, la esencia inconfundible de su timbre, una artista que a pulso, y desdeñando las imposiciones del negocio, se incrustó en las páginas más decisivas de la historia de la música reciente.
White Chalk abre con The Devil: Tan pronto como estoy sola/ El demonio se pasea en mi alma/ Y entonces me pretendo a mi misma, una de aquellas declaraciones místicas que ya en The dancer nos dejara conocer. Su octavo álbum provoca sentimientos encontrados, desde que, fue un auto sabotaje y un delirio experimental, hasta declaraciones de que es una creación única, de profunda poesía, complejidad, compromiso y autocontrol. Con Tiza Blanca sucede como con los amores, temor a que muestren la real esencia de lo que son y resistencia a cualquier transformación en su modo de expresarse, a no ser de que sea la que nosotros mismos le imponemos.
La maestra Harvey, ataviada con su blanco vestido victoriano, como una descendiente de las hermanas Brönte, ha escrito con su Tiza Blanca una lúgubre pieza de cámara, desnudo susurro de soledad y abandono, cuya única luz es el parpadeo sutil de su mirada, de la trémula voz que nos lleva por paisajes oníricos de desasosiego: Querida oscuridad/ No quieres cubrirme de nuevo ?/ Querida oscuridad he sido tu amiga por muchos años/ No quieres hacer esto por mí?/ Bienamada oscuridad, ven y protégeme del sol/ Las palabras se enredan y aprisionan mi garganta.
La aparente claustrofobia que ronda los ambientes de White Chalk, hermana en un minimalismo sonoro, persecutor e incisivo a Polly Jane Harvey con la Nico de The End y con la Diamanda Galás de Malediction and Prayer. Un regusto lejano al Kozmic Blues de Janis Joplin, pero sobre todo la inscripción de una factura propia, quedan tras el asedio vocal con el que Harvey dramatiza sus obsesiones, para develarnos la susceptibilidad de la mente, el desespero que subyace en sus vivencias íntimas.
Si nos atenemos al contenido textual de White Chalk, P J Harvey de manera soslayada se despide de la vida en Before Departure: Adiós amigos míos/ Adiós seres queridos/ me despido de este mundo/ Perdonen mi debilidad // Adiós amigos míos/ adiós a las fiestas nocturnas/ Recuérdenme en primavera. Los instantes de un corazón maltratado y los laberintos maniaco depresivos, nos asaltan en The Piano: Golpeada con un martillo/ Sus dientes rotos/ su lengua contraída/ observa dentro de su esqueleto// Mis dedos como aguijones/ Donde se perciben sus dedos han estado dedos fantasmales/ Moviendo mis extremidades.
Las atmósferas abrumadoras, consiguen un aliento épico cuando en The Mountain, bajo la mística figura de un águila, se añora la libertad, el encuentro con El Salvador para trascender la vida terrenal. White Chalk que da titulo al álbum, no da tregua a la angustia y nos recuerda toda la muerte que nos antecede para poder estar aquí: En la colina están todos los que conocí/ Colinas de tiza blanca que pudrirán mis huesos/ Tiza blanca que se adhiere a mis zapatos/ Tiza blanca para jugar como un niño contigo..
White Chalk, escrito e interpretado en casi todos los instrumentos por Polly Jane Harvey, es producido por ella misma, la rigurosidad de Flood y su amigo John Parish, quien también se involucra en la banda. Otras intervenciones en los teclados están a cargo de Eric Drew Feldman y las percusiones de Jim White. Un ejército que aparece discreto ante la contenida voz y el teclado obstinado de la macilenta inglesa.
Esta discreta obra de arte, que tiende a crecer con el tiempo, es en últimas un juego catártico y reflexivo de P J Harvey, el flirteo profano que solemos proponerle a los fantasmas hasta lograr El Silencio: Todos aquellos lugares/ que vienen a mi memoria/ Y se apoderan de mí/ me languidecen.
Vamos cayendo, cayendo de nuestro zenit a nuestro nadir y dejamos el aire manchado de sangre para que se envenenen los que vengan mañana a respirarlo.
Vicente Huidobro
Reinventarse luego de cada creación, ser capaz de mudar los ropajes con los que se ganaron batallas anteriores, incorporar a las ideas y a la inspiración atavíos precisos y frescos, asumir el riesgo que conlleva patear las formulas que aseguran el reconocimiento y el triunfo, eso fue lo que consiguió Polly Jane Harvey en White Chalk (Island/Universal), su más reciente placa.
En esta oportunidad se hizo a una mar tormentosa, enfrentándola con los mínimos aparejos: una reducida escala del piano recién aprendido, bajo y guitarra eléctrica, harmónicas, citaras germanas, harpas desvencijadas, discretas percusiones, en fin, instrumentos que se subordinan a un registro vocal oscilante entre el falsete y el delirio.
De aquellos estremecedores Dry y Rid Of Me, de los melódicos To bring you my love y Stories from the city, stories from the sea o de los intimistas Is this desire? o Uh huh her, tan sólo queda un aliento, la esencia inconfundible de su timbre, una artista que a pulso, y desdeñando las imposiciones del negocio, se incrustó en las páginas más decisivas de la historia de la música reciente.
White Chalk abre con The Devil: Tan pronto como estoy sola/ El demonio se pasea en mi alma/ Y entonces me pretendo a mi misma, una de aquellas declaraciones místicas que ya en The dancer nos dejara conocer. Su octavo álbum provoca sentimientos encontrados, desde que, fue un auto sabotaje y un delirio experimental, hasta declaraciones de que es una creación única, de profunda poesía, complejidad, compromiso y autocontrol. Con Tiza Blanca sucede como con los amores, temor a que muestren la real esencia de lo que son y resistencia a cualquier transformación en su modo de expresarse, a no ser de que sea la que nosotros mismos le imponemos.
La maestra Harvey, ataviada con su blanco vestido victoriano, como una descendiente de las hermanas Brönte, ha escrito con su Tiza Blanca una lúgubre pieza de cámara, desnudo susurro de soledad y abandono, cuya única luz es el parpadeo sutil de su mirada, de la trémula voz que nos lleva por paisajes oníricos de desasosiego: Querida oscuridad/ No quieres cubrirme de nuevo ?/ Querida oscuridad he sido tu amiga por muchos años/ No quieres hacer esto por mí?/ Bienamada oscuridad, ven y protégeme del sol/ Las palabras se enredan y aprisionan mi garganta.
La aparente claustrofobia que ronda los ambientes de White Chalk, hermana en un minimalismo sonoro, persecutor e incisivo a Polly Jane Harvey con la Nico de The End y con la Diamanda Galás de Malediction and Prayer. Un regusto lejano al Kozmic Blues de Janis Joplin, pero sobre todo la inscripción de una factura propia, quedan tras el asedio vocal con el que Harvey dramatiza sus obsesiones, para develarnos la susceptibilidad de la mente, el desespero que subyace en sus vivencias íntimas.
Si nos atenemos al contenido textual de White Chalk, P J Harvey de manera soslayada se despide de la vida en Before Departure: Adiós amigos míos/ Adiós seres queridos/ me despido de este mundo/ Perdonen mi debilidad // Adiós amigos míos/ adiós a las fiestas nocturnas/ Recuérdenme en primavera. Los instantes de un corazón maltratado y los laberintos maniaco depresivos, nos asaltan en The Piano: Golpeada con un martillo/ Sus dientes rotos/ su lengua contraída/ observa dentro de su esqueleto// Mis dedos como aguijones/ Donde se perciben sus dedos han estado dedos fantasmales/ Moviendo mis extremidades.
Las atmósferas abrumadoras, consiguen un aliento épico cuando en The Mountain, bajo la mística figura de un águila, se añora la libertad, el encuentro con El Salvador para trascender la vida terrenal. White Chalk que da titulo al álbum, no da tregua a la angustia y nos recuerda toda la muerte que nos antecede para poder estar aquí: En la colina están todos los que conocí/ Colinas de tiza blanca que pudrirán mis huesos/ Tiza blanca que se adhiere a mis zapatos/ Tiza blanca para jugar como un niño contigo..
White Chalk, escrito e interpretado en casi todos los instrumentos por Polly Jane Harvey, es producido por ella misma, la rigurosidad de Flood y su amigo John Parish, quien también se involucra en la banda. Otras intervenciones en los teclados están a cargo de Eric Drew Feldman y las percusiones de Jim White. Un ejército que aparece discreto ante la contenida voz y el teclado obstinado de la macilenta inglesa.
Esta discreta obra de arte, que tiende a crecer con el tiempo, es en últimas un juego catártico y reflexivo de P J Harvey, el flirteo profano que solemos proponerle a los fantasmas hasta lograr El Silencio: Todos aquellos lugares/ que vienen a mi memoria/ Y se apoderan de mí/ me languidecen.


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