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Literatura/Música/Cine/Arte/Comics: WeBlog/Medellín [Colombia]
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lunes, marzo 31, 2008

Inland Empire [David Lynch/2006]



Lynch sigue siendo Lynch
Tomado de http://denmeceluloide.blogspot.com

Desquiciada, extravagante, abrumadora, Imperio sigue en la línea más personal, libérrima y trastornada de Lynch, en la que se situarían películas como Eraserhead, Carretera perdida y Mulholland Drive. Lynch insiste en seguir siendo Lynch. Cuando un diálogo comienza a parecer “normal” algo siniestro lo corta antes de que termine. Cuando el espectador cree que se puede aferrar a algo que se asemeja a un “argumento”, inmediatamente se desintegra entre sus dedos. Cuando la película parece que comienza a moverse en determinada dirección, de golpe da un quiebre insospechado y toma nuevas dimensiones. Lynch invita al espectador a sumergirse en un experimento alucinante, a abandonar por un buen rato (3 horas) los razonamientos lineales y a pensar este filme desde la lógica de los sueños; a dejarse llevar por un universo construido por sensaciones y atmósferas.
Personajes de rostros borroneados, individuos con fisonomía de humano y cabeza de conejo, seres que amenazan y sermonean a los protagonistas, un rodaje donde se confunde lo que es película y lo que es realidad, conversaciones incómodas, pegadizos números musicales, hipnotismo, amnesia y recuerdos del futuro, prostitución, asesinatos, desdoblamientos de personalidad, la tentación de lo prohibido y la ardua lucha entre placer y represión, todo edificado alrededor de la descomunal labor de Laura Dern. Personaje poliédrico si los hay, de múltiples caras y facetas, trasciende una individualidad única, representando la esencia de todas y cada una de las mujeres de la película.
El arsenal de recursos que Lynch maneja y explota es inacabable. Filmada en gran parte en formato digital, con demenciales juegos de luces y sombras, cámaras al hombro, abundancia de fundidos e imágenes superpuestas, colores inquietos, repentinos flashes, gotas que centellean en tomas pasajeras, primeros primerísimos planos que parecieran querer introducirse en la psiquis de los personajes, y una riquísima banda sonora compuesta mayoritariamente por música y sonidos etéreos, la película ameritaría extensos estudios detallados, y Lynch abruma por su conocimiento del lenguaje cinematográfico.
El director filmó Imperio sin un guión preconcebido, a partir de una o dos ideas sueltas, y a partir de allí comenzó a armar la película. Cuando alguien le preguntó sobre el significado de la obra, su respuesta fue tajante: “no lo sé”. Al cineasta le interesan las formas, y que cada uno busque el significado que más le convenga.Lynch ha dicho en una entrevista que lo ideal es ver las películas en un lugar oscuro, silencioso, de modo que no se entrometan factores externos en la experiencia de sentir y respirar las obras. Imperio es ideal para ver en una pantalla grande, por lo que la oportunidad de verla en el cine no debería dejarse pasar. Eso sí, una proyección de tres horas ameritaría a que se hiciera una pequeña pausa entre medio, para que el espectador pudiera estirar las piernas, distenderse un poco, quizá tomar algo antes de volver a entregarse a la segunda mitad de una portentosa inyección sensorial.
Publicado en Brecha 20/3/2008

Rant. La vida de un asesino [Chuck Palahniuk]

Sinopsis
Buster Casey, el verdadero nombre de Rant, fue un asesino. El asesino en serie más temido de nuestra época. Él dejó una huella poderosa, una peste que mató a la mayoría de las personas que se cruzaron en su camino. Algunos lo tildan de diabólico, otros lo califican de un ser único que sólo buscaba vivir algo que fuese verdadero. De una u otra forma, todos tienen algo que decir de Rant; sus amigos , sus enemigos, sus admiradores y sus detractores. Todos tienen una historia que contar y por lo mismo todos quieren hablar.
Esto es RANT, una biografía de ficción acerca de un joven que tras escapar de la casa de sus padres, en la ciudad de Middleton, se convierte en el líder de una banda de gamberros motorizados. Un joven que mató a tanta gente como pudo y que, tras morir de manera espectacular, trascendió a su muerte. Una novela que sólo Chuck Palahniuk podía contar de manera tan completa que te dejará atónito. Una antología de anécdotas, de actos violentos y de la propagación de la infección urbana más grande de todos los tiempos [...]
Reseña tomada de http://www.chuckpalahniuk.es/ [Haz Click aquí para descargar el primer capítulo de la novela]

Nine Inch Nails: Ghost I-IV

El grupo estadounidense Nine Inch Nails, decidió seguir los pasos de Radiohead y lanzar al mercado su nuevo disco Ghosts I-IV, una colección de 36 temas disponible en varios formatos digitales y físicos a un precio que varía entre los U$S 0 y los U$S 300. El álbum puede ser descargado desde su sitio Web. Aquí un enlace al Blog [Love/Pain&Fear] que ofrece su descarga:


Los años 50 [Sobre Nick Cave]



Hace un par de años Nick Cave atravesó dos momentos cruciales en la vida de un artista: llegó a la cima de su estilo y a una furiosa crisis de la mediana edad. Ahora, tras giras, colaboraciones y bandas de sonido, de cara al difícil desafío de envejecer sin convertirse en un bronce, ha dado una nueva muestra de ductilidad, talento y sabiduría: volvió a las bases, coronó su racha más productiva y se volvió saludablemente loco. Dig!!! Lazarus, Dig!!! es otra muestra del lugar que merece en el Olimpo de los cantautores.

Nick Cave es uno de los autores más subestimados de la escena actual, quizá porque su imagen de hombre de las tinieblas está tan fijada que se lo ve y se habla de él mucho más de lo que se lo escucha. Tiene un sonido tan propio como el de cualquiera de los grandes consagrados y un cuerpo de canciones de igual calidad, pero no entra a la madurez como un señor digno, sino como un viejo loco.

Por Mariana Enriquez

Hace unos tres años, cuando editó el álbum doble Abbatoir Blues / The Lyre of Orpheus, Nick Cave alcanzó un techo, tocó con la punta de los dedos el cielorraso de la cúpula de su catedral de canciones. Era un disco enorme en todo sentido: coros gospel, los Bad Seeds integrados como nunca como banda, tocando sin dejar un solo espacio, letras sobre el apocalipsis y la llegada de hordas bestiales, la Biblia, Orfeo y Philip Larkin, y sobre todo Cave cantando como un predicador que visiona la llegada de los cuatro jinetes, en vivo desde el púlpito. Era un disco fantástico, de una intensidad frenética imposible de continuar, por puro recargo. ¿Cómo salir entonces de ese atolladero barroco? Volviendo a las bases. Pero no de cualquier manera. Aquí no hay ya ojos asombrados ni candor: Nick Cave y sus compinches son viejos punks baqueteados que ya estremecieron con un minimalismo aterrador en The Birthday Party, el grupo con el que Cave llegó desde Australia para dejar todo patas para arriba en Londres a principios de los años ’80. Aquellos viejos discos de ese grupo incendiario acaban de reeditarse: conviene volver a escucharlos para comprobar que suenan más originales, poderosos y salvajes que la producción de cualquier (pero cualquier en serio) banda de jóvenes maravilla actuales.

Pero retomando: cómo envejecer sin ponerse solemne y respetable, entonces. Cave le encontró la vuelta con Grinderman, un grupo paralelo que el año pasado sacó un disco autotitulado y funcionó como recargador de baterías rockeras seminales –Cave tocó la guitarra, por ejemplo, instrumento que sólo sabía rasguear hasta ese momento, porque él compone en piano (y suena como si no hubiera aprendido mucho, lo que es fantástico)–. El disco también funcionó como una toma de posición ante la crisis de la mediana edad. En la tapa había un mono masturbándose y el grueso de las canciones cargaban con furia contra la madurez aunque abrazándola (¿qué remedio?): pura rabia ante la muerte de la luz tal como la que pedía Dylan Thomas. En la desvergonzada “No Pussy Blues”, por ejemplo: “Mi rostro ya fue, mi cuerpo también/ Y no puedo evitar pensar, mientras estoy acá arriba recibiendo el aplauso/ de todos los jóvenes y bellos/ con sus ojos inquisidores/ pensar que sobre todas las cosas debo amarme a mí mismo/ Veo a una chica en la multitud/ le pido salir con ella/ Me dice que no tiene ganas/ Le cambio las sábanas a la cama, me peino, meto la panza para adentro y ella sigue diciendo que no quiere/ Tengo el blues de la falta de concha”.

Algo más se afianzó junto a la erotomanía y el minimalismo: el humor. Nick Cave y sus Bad Seeds fueron un grupo de amargos de traje oscuro en sus comienzos, pero aprendieron de verdad a reírse de sí mismos con el tiempo, y eso los alejó de la caricatura; eso también convirtió a Cave en uno de los mejores y más completos compositores de la escena actual, y a su banda en la que todo músico querría como soporte y compañía. Humor negro y zonzón, que desbarataba la oscuridad del mito Cave en canciones absurdas como “O’Malley’s Bar” de Murder Ballads (entre tantas otras), pero que muchas veces no llegaba a quien no fuera un fan: es decir, mucha gente cree que entrar a los Bad Seeds es penetrar en una negra noche faulkneriana presidida por el demonio y Johnny Cash. Bueno, eso claro que está presente, pero también la comedia, el grotesco: ¿o acaso hay algo más temible que el rostro de un payaso de dientes amarillentos?

Y es absurda la premisa del nuevo y excelente, soberbio, disco de Nick Cave & The Bad Seeds. Se llama Dig!!! Lazarus, Dig!!! y trata de Larry, un Lázaro contemporáneo al que levantan de la tumba contra su voluntad explícita: el pobre zombie aparece en una Nueva York post-apocalíptica (según Cave, todo el disco es un homenaje a la ciudad que supo ser su patio de juegos en los ’80, cuando sus shows hacían temblar los sótanos en compañía de Lydia Lunch y Jon Spencer). La narrativa es alucinada y declamatoria: a veces Nick Cave recuerda al Bob Dylan de las imágenes surreales y los personajes, pero bajo los efectos del más daniño de los ácidos. Hace mucho tiempo que Cave está en contra de la narrativa autobiográfica en las canciones: él mismo lo hizo hasta la exasperación (y con resultados excelentes, quizá de los más hermosos de su carrera) en The Boatman’s Call, pero decidió no hacerlo nunca más: “Cuando una canción puede ser leída demasiado cerca de la experiencia porque el que la escucha sabe mucho sobre el autor, la canción pierde fuerza, significados, no puede ser apropiada por el que la escucha. Y ahí perdemos todos, y sobre todo la canción, que es lo que más me interesa”. Nadie podría creer que este disco es autobiográfico –salvo en la medida en que todo trabajo artístico lo es en tanto se nutre de obsesiones personales (como en “More News From Nowhere”, una canción larguísima, de pausada épica, donde canta: “Entro a mi habitación por la esquina, veo a mis amigos en sus lugares/ No sé cuál es cuál ni quién es quién, se cambiaron las caras.../ Y aquí todo está cada vez más raro, cada año más extraño y más noticias de ninguna parte/... Doy vuelta otra esquina, entro al corredor y veo a este tipo/ Debe medir dos metros y tiene un solo ojo/ Me pide un autógrafo, le escribo ‘Nadie’ y después lo ciego de un puntazo con mi lapicera”.

El tema de apertura dice “Lázaro, enterrate, ¡quiero que caves!” y determina el tono que sigue, de un infierno encantador, de una pérdida de sentido y una psicosis colectiva que, a veces, tiene más que decir sobre el mundo y las sociedades occidentales que una bajada de línea explícita. Este es un disco de grandes canciones, de pura música, y la voz de Cave está en cada detalle, llena de emoción, burla y miedo. La belleza de un tema como “Jesus of the Moon” la sensualidad de “Moonland”, que obliga a retorcerse, el minimalismo obsesivo de “Night of the Lotus Eaters”; la maravillosa incorporación del violinista Warren Ellis, líder de la banda australiana Dirty Three, una adquisición que terminó de definir esta vuelta a la sencillez que no renuncia a la elegancia ni a la excentricidad. Nick Cave es uno de los autores más subestimados de la escena actual, quizá porque su imagen de hombre de las tinieblas está tan fijada que se lo ve y se habla de él mucho más de lo que se lo escucha. Tiene un sonido tan propio como el de cualquiera de los grandes consagrados y un cuerpo de canciones de igual calidad (o mayor), pero él mismo se perpetúa en el lugar del aprendiz, participando de homenajes a Leonard Cohen, grabando canciones de piratas y covers de Los Beatles (y hasta de Pulp), haciendo música de películas “chicas” de directores australianos como The Proposition o The Assasination of Jesse James by the Coward Robert Ford. Vive lejos de los grandes centros culturales, en la ciudad balnearia de Brighton, porque le gusta su “elegancia decadente”, y con su banda graba cortos chistosos que pueden verse en YouTube para promocionar el disco, cortos en blanco y negro donde hace de médium trucho con turbante, y de paso anuncia que él no tiene investidura alguna, que no es un bronce. Su modo de entrar en la madurez no es del prócer respetable, porque en algún lugar sigue siendo un chico intoxicado y autodestructivo pero lleno de talento que salió de Melbourne al mundo sin mucho más que su fanatismo por Nina Simone, Johnny Cash y Leonard Cohen, junto a una banda de descontrolados. Nick Cave no entra a la madurez como un señor digno, sino como un viejo loco. Y les enseña a todos que siempre hay algo para decir, y no tiene por qué ser siempre lo mismo. Que el fuego se pierde sólo si se quiere perder.

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Llamamos al autor Letra y música: Nick Cave

Lo que alguna vez creímos haber tenido,
en realidad no lo teníamos
Y lo que tenemos ahora nunca más será igual
Así que llamamos al autor para que explique
Nuestros chicos con tumores mucosos pasean por la calle
Les evitamos el trabajo esclavo
Los pobrecitos parecen tan tristes y viejos
Mientras nos montan por detrás
¡Les pido que desistan y reflexionen!
Y después llamamos al autor para que dé explicaciones
La mano aferrada a un rosario
Murió con tubos en la nariz
Y un grupo de ángeles que tocaban platillos con dedos
Cantó su nombre en código
Sacudimos nuestros puños hacia la lluvia castigadora
Y llamamos al autor para que dé explicaciones
Dijo, todo es un desastre por acá
Todo es banal y pueril
Hay una conspiración planetaria contra los tipos como vos y yo
En este idiota distrito de la luna
Bueno, ¡él sabía exactamente a quién culpar!
Y llamamos al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!
Nada que un par de tijeras no pueda arreglar
Bueno, salí de gurú por la calle
Y los jóvenes se reunieron alrededor de mis pies
Y me preguntaron cosas –pero no supe por dónde empezar
Encendieron la mecha directo al corazón de mi padre
Y sí, una vez más
Llamo al autor para que dé explicaciones
¿Qué es esta gran cosa perruna, esta carga esclavizante
Que vuelve mediocres a cada uno de mis pensamientos?
Me siento como una aspiradora, ¡un completo chupador!
Está todo mal y él es un hijo de puta
¡Pero qué cerebro tan enorme y enciclopédico!
Llamo al autor para que dé explicaciones
Discriminación rampante,
Pobreza masiva, deuda del tercer mundo
Enfermedades infecciosas, inequidad global
Y divisiones socioeconómicas que se profundizan
Como la brecha en tu cerebro
Y llamamos al autor para que explique
Un momento
¡Mi amigo Doug golpea la ventana!
Ey, Doug, ¿cómo estás? (ey, Doug)
Bueno, me trae un libro sobre poesía del Holocausto –con ilustraciones
Y después me dice que me prepare para la lluvia
Y llamamos al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!
Nada que un par de tijeras no pueda arreglar
¡Bukowski era un pajero!
¡Berryman era mejor!
Escribía como papel maché húmedo
Pero fue por el camino Hemming
Raro, con alas y con máximo dolor
Llamamos al autor para que dé explicaciones
Desde mi refugio veo que han publicado
Otro volumen de basura desarticulada
“Las olas, las olas eran soldados moviéndose”
Bueno, gracias. ¡Gracias!
Llamo al autor para que dé explicaciones
¡Verborragia! ¡Verborragia!
Nada que un par de tijeras no pueda arreglar.



domingo, marzo 30, 2008

Entrevista a Jean Genet [Abril 1964]


En su número de abril de 1964, la revista Playboy conversó con Jean Genet. Ésta es una de las pocas entrevistas que concedió el autor de El balcón, que entonces tenía 53 años y se interesaba cada vez más por los movimientos de protesta en los Estados Unidos. La entrevista, que la revista Playboy decidió no atribuir a ningún colaborador, tuvo lugar en París, en uno de los escenarios favoritos de Genet, un barato cuarto de hotel, donde no tenía otras pertenencias que unas hojas de papel y un paquete de tabaco oscuro.

El santo y el criminal

Usted se ha referido a su identidad de homosexual, traidor, bandido y cobarde. No puede decirse que haya ocultado su personalidad. De hecho, se le ha acusado de convertir esa confesión en un alardeo con fines publicitarios. ¿Qué hay de cierto en ello?
­Es cierto que en mis escritos autobiográficos he resaltado estas cualidades, aunque hay que tomar en cuenta que los escribí hace veinte años y por razones que no siempre fueron muy puras. Me refiero a que no siempre fueron de una naturaleza poética. Así es que supongo que había un elemento publicitario en eso. Pero elegí maneras peligrosas de llevar a cabo esa publicidad; me refiero a que eran formas que me ponían en peligro. El acto de revelarme como homosexual, bandido, traidor y cobarde me colocó en una situación que no era lo que podríamos llamar "segura". Esto hizo que me fuera imposible escribir obras que la sociedad pudiera digerir con facilidad. En resumen, ese aparente alardeo de inmediato me puso fuera de alcance. Me excluí de la buena sociedad.
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­¿Se propuso convertirse en homosexual, traidor, bandido y cobarde, del mismo modo en que decidió publicitarse como tal?
­ No me lo "propuse". No tomé ninguna decisión. Si empecé a robar fue porque tenía hambre. Después tuve que justificar ese acto, tuve que aceptarlo. En cuanto a ser homosexual, no podría decirle por qué lo soy. No sé nada acerca de ello. ¿Acaso uno sabe por qué es homosexual? ¿Acaso alguien sabe por qué alguien más elige una cierta posición para hacer el amor en la cama? La homosexualidad, por decirlo de alguna manera, es algo que me fue dado, como el color de mis ojos, o el tamaño de pies que tengo. En mi infancia estaba consciente de que me atraían los niños. Sólo después de experimentar esa atracción "decidí", elegí libremente mi homosexualidad, en el sentido sartreano de la palabra "elegir". Para decirlo de un modo más sencillo: tuve que soportarlo, aceptarlo, aunque sabía que estaba condenado por la sociedad.
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­ ¿Alguna vez ha sentido interés por las mujeres?
- Sí, me han interesado cuatro: la Virgen María, Juana de Arco, María Antonieta y Madame Curie.
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­ Nos referimos a un interés sexual.
­ No, jamás.
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­ ¿Le importaría ahondar en esto?
No, estoy completamente dispuesto. Me gusta el tema. Estoy consciente de que ahora la homosexualidad es algo que se ve de manera favorable en los círculos seudo artísticos. Pero todavía es algo que la burguesía reprueba. Yo le debo mucho al hecho de ser homosexual. Si quiere considerarlo como una maldición es asunto suyo, pero yo lo considero una bendición.
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­ ¿Qué papel juega la homosexualidad en su vida presente?
Quisiera decir algo acerca de su aspecto pedagógico. No necesito contarle que me he acostado con todos los muchachos a quienes he procurado. Pero no es sólo el sexo lo que me importa. He tratado de revivir con ellos la aventura que he vivido solo y cuyos símbolos son la degeneración, la traición, el rechazo de la sociedad y, por último, la escritura. Es decir, un retorno a la sociedad pero por otros medios. La homosexualidad excluye al homosexual de la buena sociedad y por esa razón lo obliga a enfrentarse a los valores sociales. Si uno decide cuidar a un joven, no lo hace de una manera trivial. Uno le hace ver la incoherencia de la razón y la sensibilidad inherentes a la sociedad normal. El elemento femenino contenido en la homosexualidad envuelve al muchacho y quizás esto se traduce en una mayor bondad. Cuando el Consejo Ecuménico se reunió en Roma, vi un programa de televisión del Vaticano. Presentaron a unos cuantos cardenales. Dos o tres eran asexuados e insignificantes. Aquellos a quienes les gustaban las mujeres eran aburridos y codiciosos. Sólo el que se veía homosexual me pareció amable e inteligente.
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­¿Considera que la homosexualidad contribuye al tan publicitado "direccionamiento" hacia una sociedad asexual?
­Aun si la virilidad estuviera en crisis, eso no me preocuparía mucho. La virilidad es siempre un juego. Los actores norteamericanos juegan a ser viriles. También pienso en Camus, quien adoptó poses viriles. Desde mi punto de vista, la hombría es una cualidad que sirve para proteger lo femenino y no para desflorarlo. Pero evidentemente no estoy en la mejor posición para juzgar. Al oponerse a una actitud convencional, el hombre rompe una concha que le permite revelar una delicadeza que de otra manera no sería evidente. Quizá la emancipación de la mujer moderna impulse al hombre a abandonar viejas actitudes para dirigirse a otras nuevas, más acordes con mujeres menos sumisas.
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­ En los dieciséis años que han transcurrido desde que se le absolvió de la cadena perpetua por reincidencia criminal y obtuvo su libertad, ¿sigue robando o ya se reformó?
­¿Y usted?
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­ Preferiríamos hacer las preguntas, si no le importa.
­ Está bien. No robo de la manera en que una persona común lo hace. En todo caso, ya no robo como antes. Ahora recibo grandes regalías por mis libros, a mí me parecen grandes. Las regalías son producto de mis antiguos robos. Sigo robando en el sentido de que, en lo que respecta a la sociedad, sigo siendo deshonesto, pero la comunidad pretende que no lo soy.
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­ Pasó siete años tras las rejas por sus crímenes. ¿Se consideraba hábil en su oficio?
­ No era inhábil. Hay un elemento de hipocresía en la operación de robar Pero me molesta su micrófono. Interfiere con mi pensamiento. Veo cómo se mueven los carretes y siento que debería ser cortés con la grabadora que se desenrolla silenciosamente, sin ayuda de nadie. Pero como le decía: el acto de robar lo obliga a uno a esconderse. Si uno se esconde, oculta parte de su acción y uno no la puede reconocer. Resulta aún más peligroso reconocerla ante los jueces. Ante ellos hay que negarlo todo. Uno tiene que negar ocultando. Cuando uno oculta lo que hace es siempre con ineptitud. Me refiero a que uno no utiliza todas sus habilidades. Por fuerza, algunas de ellas están encaminadas a negar el acto que uno emprende.
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­¿Siente alguna afinidad hacia sus colegas del crimen?
­ No, de ningún tipo, por la sencillísima razón de que eso me encaminaría hacia la moralidad y, por lo tanto, hacia el bien. Si, por ejemplo, existiera una lealtad entre dos o tres criminales, eso significaría el inicio de una convención moral y, por lo tanto, de inicio del bien.
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­Cuando empezó a escribir en prisión, ¿la soledad de la creatividad era preferible al aislamiento del criminal?
­ No, porque lo que escribí me hizo sentir aún más solo.
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­¿Qué fue entonces lo que lo hizo escribir?

­No lo sé. No sé cuáles fueron las razones profundas. La primera vez que advertí el poder de la escritura fue cuando le envié una postal a una amiga alemana que vivía en Norteamérica. El lado de la postal en que yo debía escribir era blanco, con pequeñas arrugas, como la nieve. Esa superficie me hizo evocar la nieve y la Navidad. En vez de escribir un pensamiento convencional, escribí acerca de la calidad del papel. Eso fue lo que me inició. Esto no explica mi motivo, pero sí me dio mi primera probada de libertad.
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­ Escribió su primera novela, Nuestra señora de las flores, en prisión. ¿Qué actitud tenían las autoridades hacia los esfuerzos literarios de los internos? ¿Lo apoyaron con materiales para escribir?
­ Ciertamente no. Nos daban papel para hacer bolsas. Fue en ese papel café que escribí el inicio del libro. No creí que fuera a ser leído. Pensé que yo nunca iba a salir de la cárcel. Escribí con sinceridad, con fuego y furia, y con mucha más libertad porque estaba seguro de que el libro jamás sería leído. Un día fuimos de la prisión a la corte. Cuando volví a mi celda el manuscrito había desaparecido. El director de la prisión me mandó llamar. Me castigó: tres días en confinamiento solitario a pan y agua por haber utilizado un papel que "no estaba destinado a obras maestras de la literatura". El despojo del director me hizo sentir menospreciado. Ordené unos cuadernos en la cafetería, me metí a la cama, me sumergí bajo las mantas y traté de recordar, palabra por palabra, las cincuenta cuartillas que había escrito. Creo que lo logré.
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­ Aunque hay quienes la han aclamado como una obra maestra del erotismo, muchos críticos se han rehusado a concederle a este libro un reconocimiento literario. ¿Le gratificó el que su publicación haya causado una verdadera tormenta de elogios y protestas?
­ Sí, pero me habría gustado que la editorial sacara el libro con una portada muy inocente, en un tiraje muy pequeño de trescientos o cuatrocientos ejemplares, y asegurarme de que cayera en manos de los banqueros católicos y gente por el estilo.
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­¿Es usted tan indiferente a la aceptación de los intelectuales, como parece serlo ante la aprobación de la crítica y del público?
­ Jamás traté de formar parte de la literatura francesa, por no mencionar el hecho de que la literatura francesa difícilmente me habría dado la bienvenida.
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­ Dice que no es "uno de ellos". Entonces, ¿departe en sociedad con sus ex compañeros de celda y con sus socios del crimen?
­ Desde luego que no. Considere la situación. Obtengo regalías de todo el mundo. Usted viene a entrevistarme de Playboy. Mientras tanto, ellos siguen presos. ¿Cómo espera que mantengamos una amistad? Para ellos no soy más que un hombre que ha traicionado. Tuve que traicionar al robo, que es un acto individual, en beneficio de una operación más universal, es decir, la poesía. Tuve que traicionar al ladrón que era para convertirme en el poeta en el que espero haberme convertido. Pero esta "legalidad" no me ha hecho más feliz.
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­Parece sentir que se le considera un paria tanto en la sociedad como en el submundo. ¿Qué piensa de esta reprobación generalizada?
­ No me importa, pero es cuestión de temperamento. Me gusta ser un proscrito tal y como, con todo respeto, a Lucifer le gustaba ser proscrito por Dios. Pero es por orgullo, y ése no es mi lado bueno.
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­Algunos críticos han tachado a Sartre de blasfemo por llamarlo "San Genet" en la evaluación de seiscientas páginas que escribió sobre su obra. ¿Qué opina de esta canonización intelectual?
­ Mis detractores no protestarían por un San Camus. ¿Por qué objetan un San Genet? Cuando era niño me resultaba difícil imaginarme presidente de la República, general o cualquier otra cosa por el estilo, a menos, claro, que hubiera un elemento de voluntad o de determinación. Fui hijo ilegítimo. Estaba fuera del orden de la sociedad. ¿Qué podía anhelar sino un destino especial? Si quería utilizar al máximo mi libertad, mis posibilidades, mis facultades - aún no me percataba de mi talento literario ­ lo único que me quedaba era convertirme en santo, sólo eso; en otras palabras, en una negación del hombre.
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­Usted ha escrito sobre la "eterna pareja" que forman el santo y el criminal. ¿Cuál es la relación que existe entre ellos?
­ Ambos viven en soledad. Si examina el asunto con detenimiento, ¿no tiene la impresión de que los grandes santos parecen criminales? No existe un lazo visible entre sociedad y santidad. La santidad asusta.
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­ Algunos críticos lo han increpado, no sólo por ver la santidad como lo hace sino por atreverse a usar la palabra.
­ Mis detractores se estremecen de que utilice cualquier palabra, hasta una coma. François Mauriac escribió una vez un artículo sobre mí en el que me pedía que abandonara la escritura. Los buenos cristianos, y particularmente mis detractores, son propietarios de la palabra "santidad": no me permiten usarla.
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Usted escribió una vez que la poesía es "el arte de usar excremento y hacer que el lector se lo coma". ¿Con esta definición quería justificar su celebrada tendencia a valerse de un lenguaje socialmente inaceptable en su obra?
­ Las palabras obscenas existen. Si existen, tienen que utilizarse, si no, no se habrían inventado. Si no las utilizara, esas palabras existirían en un estado de apatía. El papel del artista es impartirle valor a las palabras. Usted se refirió a la definición que hice alguna vez de la poesía. Ahora no la definiría así. Si uno quiere tener aunque sea una mínima comprensión del mundo, tiene que deshacerse del resentimiento. Todavía estoy resentido con la sociedad, pero cada vez menos, y espero que no transcurra mucho tiempo antes de que ese sentimiento desaparezca por completo. En el fondo, me importa un carajo. Pero cuando escribí esas palabras estaba resentido; la poesía era una transformación, a través del lenguaje, de lo que se considera materia base en lo que se considera materia noble. Ahora, el problema es muy distinto. Ustedes ­ es decir, la sociedad ­ ya no me interesan como enemigo. Hace diez o quince años estaba en su contra. En este momento no estoy ni a favor ni en contra. Ambos existimos al mismo tiempo. Mi problema ya no es oponerme a ustedes sino hacer algo en lo que estemos involucrados, la sociedad y yo, al mismo tiempo. Ahora creo que si mis libros estimulan a los lectores sexualmente es porque están mal escritos: la emoción poética debería ser tan fuerte que ningún lector sintiera un estímulo sexual. En cuanto a que mis libros son pornográficos, no los rechazo por ello. Sólo respondo que me faltó gracia.
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­¿Cómo evaluaría a Sartre?
­ Sartre se repite. Tiene unas cuantas ideas principales que ha explotado en varias formas. Cuando lo leo voy más aprisa que él. Pero su autobiografía me sorprendió. En ella muestra su voluntad de liberarse del mundo burgués. En un mundo en el que todos tratan de ser prostitutas respetuosas, resulta agradable encontrarse con alguien que sabe que está un poco prostituido pero no quiere ser respetuoso. Personalmente, Sartre me cae bien. Su compañía es entretenida. Comprende todo sin juzgar, con risa. Él no acepta todo de mí pero disfruta cuando discutimos. Es un hombre en extremo sensible.
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­¿Le complació el inigualable análisis psicológico que hizo de usted?
­ Me llenó de una especie de repugnancia porque me vi desnudado: desnudado por alguien que no era yo. Me desnudo en todos mis libros, pero al mismo tiempo me disfrazo con palabras, con actitudes, con ciertas elecciones mediante cierto tipo de magia. Me las ingenio para no salir muy dañado. Pero Sartre me desnudó sin ceremonia. Mi primer impulso fue quemar el libro; Sartre me había dado el manuscrito para que lo leyera. Dejé que lo publicara porque mi preocupación fundamental ha sido siempre la de ser responsable de mis actos. Me llevó algún tiempo sobreponerme a la lectura del libro. Me fue casi imposible retomar la escritura. Podría haber producido cierto tipo de novela mecánicamente. Pude haber escrito libros pornográficos de una manera automática. El libro de Sartre creó un vacío que me produjo una especie de deterioro psicológico.
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­¿Cuánto tiempo duró este vacío?
­ Seis años permanecí en ese abominable estado; seis años de imbecilidad, que es la materia básica de la vida: abrir una puerta, prender un cigarro. En la vida del hombre sólo existen algunos destellos. Todo lo demás es grisura. Pero ese deterioro me condujo a una meditación que finalmente me llevó al teatro.
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­ Pero Velatorio y Las criadas fueron escritas y producidas antes de que se publicara el libro de Sartre.
­ Así es. Pero el libro de Sartre hizo que explotara algo que ya me era familiar.
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­En opinión de algunos reseñistas, ese "algo familiar" es la condición de los grupos minoritarios acerca de los que escribe y con cuya marginalidad se identifica. ¿Están en lo correcto?
­Escribo teatro para cristalizar una emoción teatral, dramática. No me interesa si, por ejemplo, Los negros le sirve a los negros. Además, no creo que lo haga. Creo que la acción directa, la lucha contra el colonialismo, hace más por ellos que cualquier obra de teatro. En esas obras traté de dar voz a algo profundamente enterrado, algo que los negros y otros pueblos marginados eran incapaces de expresar. Hablando de Las criadas, un crítico dijo que "no hablan así". Bueno, sí lo hacen: pero sólo a mí, cuando estoy solo, a medianoche. Si alguien me dijera que los negros no hablan así, les contestaría que si pusieran su oído contra el corazón de uno de ellos, escucharían lo que escribí. Uno tiene que ser capaz de escuchar lo no dicho.
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­¿Entonces, en sus obras, su afinidad está con las clases oprimidas y necesitadas?
­ Puede ser que haya escrito estas obras contra mí mismo. Puede ser que yo sea Los Blancos, El Patrón, El Empleado, y trato de aislar los elementos de idiotez que hay en esas cualidades.
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­Bueno, aquí, en esta exigua habitación, aparte de unos cuantos muebles de segunda mano, sólo vemos siete libros, un despertador, una maleta, un traje y tres camisas, además de la ropa que lleva puesta. ¿Es todo lo que posee?
­ Sí. ¿Por qué habría de tener más? La mía es la pobreza de los ángeles. Las posesiones y todo lo que las acompaña no me interesan en lo más mínimo. A veces, cuando voy a Londres, mi agente me hace una reservación en el Ritz. Pero ¿qué necesidad tengo de poseer lujos y objetos? Escribo: eso es suficiente.

Fuente Playboy, abril de 1964 - Traducción de Laura Emilia Pacheco

Apuntes para Marie-Louise [Canetti]


Por Elías Canetti

El Cultural le homenajea con la publicación de los inéditos, recién descubiertos, Apuntes para Marie-Louise, que Jeremy Adler acaba de editar en C. H. Verlag. Escrito en 1942, es, en palabras de Adler, “el único manuscrito conocido de este tipo de la pluma de Canetti”, concebido como regalo para su novia, la pintora Marie-Louise von Motesiczky. “Se trata –prosigue Adler– del valioso documento de un amor, el más bello testimonio de la amistad de toda una vida entre dos artistas.

- Nadie quiere ser las puertas.
- Les cortan a sus víctimas primero las orejas y el nombre; entonces no oyen a nadie que les llame; entonces no pueden llamar a nadie; tan sólo son manos.


- Tan sólo puede reírse con los animales.

- En el infierno se esfuerza en permanecer razonable.

- Las cornejas sobre el trigo amarillo me proporcionan la sensación más intensa de la vida.


- Desea para él una disposición distinta de las orejas, cada una para otros mundos y lo que fuera necesario para ambas, en el cerebro.


- Bajo el comunismo se imagina que nadie acepta órdenes suyas; cómo debe marchar la gente, si nadie les ordena; y cómo deben andar sin marchar.


- Está tan orgulloso que siempre le gustaría regalarle algo a Dios.


- En cada uno yace el alma en un lugar distinto: él la tiene en los pulmones, aquél en la tripa; ella la tiene en el corazón y aquél en el sexo; en mí donde mejor se siente es en las orejas.


- Ha conservado una profunda veneración por la gente mayor: admira de ellos cada año que él mismo no ha podido vivir. Adora a los niños: son para él santos cada año que él ya no podrá vivir.


- En el balbuceo estamos más cerca del origen del lenguaje. - Cada nube lleva en ella el futuro; sólo que no las entendemos para leerlas.- “Salvarse” era la palabra que le causaba los movimientos más impetuosos en su corazón. Océanos de criaturas y relaciones estaban allí, para salvarse, y él nunca las llevó más que como violentos ademanes del corazón.


- La soledad es un intento del hombre de estar a la misma distancia de todos los puntos vitales del universo, porque todos ellos le quieren agarrar.


- La lluvia es el tributo del cielo sobre la tierra, por su botín de nubes.


- Sobre todo ándate con cuidado con cualquier filosofía que trate de reducir la vida a un único principio. Siempre se trata en estos casos de una reducción de la vida; de un empobrecimiento y una mecanización; de cualquier tiranía de los dioses; Dios también puede ser un aprendiz.


- Simpatía por las formas duales del pensar; gusta mucho entre los dos principios fundamentales el ser triturados; pero queda sin duda alguna más entero que los anteriores. Luego queda en mí un dualismo, del que un polo parece plural: así hemos ganado tres armas para examinar el mundo: tratamos con la multiplicidad, con lo uno (como su contrario) y, del resultado entre ambos, con lo dual.


- Está celoso de sus uñas cortadas. - Allí va uno que obliga a los pájaros a que todos vuelen igual de rápido.


- Teme el siglo que viene, porque no sabe quién gobernará. No quiere niños ni niños de los niños. Se quiere morir, mientras todavía esté al tanto. Aborrece el nombre de nuevos países, sobre todo cuando se crean en el lugar de esos otros que él mismo ha recorrido. ¡A mí ahora con nuevas lenguas y nuevos hablantes, que nadie podría entender hoy en toda la tierra!


- Tiene después de algunos años una nueva madre, y las ha desesperado a todas. Ahora él tiene 80 años y su última madre 20 redondos.


- Se ha estudiado insuficientemente a los perros: son “lo humano” en su quintaesencia, ¡y qué inhumano es eso!


- Quien adora el éxito está perdido en cualquier caso: cuando lo tiene, le será igual; cuando no lo tenga, se consumirá en la más falsa melancolía.


- En un tiempo menos comercial, el éxito todavía se llama fama; tal vez antes era más bello.


- Temo las estrellas que no conozco.


- Los amigos de Dios están totalmente desesperados por su magnitud.

- El hombre tiene en la vejez la opción de convertirse en madera o en piedra. La madera huele bien, pero la piedra todavía es más dura.


- Sólo nos podemos sobreponer a la infelicidad mientras se juegue. - El hombre no se merece ninguna vida privada.


- Podemos matarlo todo: un hombre, una obra, un nombre y hasta un dios, pero no a un amor auténtico.


- Infravaloramos la sensibilidad de un hombre con quien podemos hablar en cualquier momento.


- Me gustaría dejarme influir por la Biblia, como si no fuera de origen judío, como algo extraño y acabado de descubrir, desenterrada por una alegre casualidad. Cada vez estoy más convencido de que me proporcionaría las llaves más audaces, como si todavía nadie la hubiera leído.


- El hombre es la medida de todos los animales. - Sísifo ama su piedra porque la arrastra.


- Un tiempo en el que hablamos de alemanes, franceses e ingleses así como de sirios, medos y persas, con la ligera extrañeza con que generalmente los mencionamos.


- La ética del anciano es su salud. - El sentimentalismo es la corruptela de la bondad.


- Cada día hace una nueva amistad y manda las antiguas a la lavandería.


- Se suprimirán todas las armas y en la próxima guerra sólo estará permitido morder.


- En la conferencia de paz se ha decidido dar a Europa la justa oportunidad que se ha ganado en una difícil y larga guerra. Todo debe empezar de cero. Para hacerlo posible, primero se construirá una flota interterritorial de bombarderos para arrasar todas las ciudades que, por casualidad, todavía se mantengan en pie.


- Nada se ha hecho con burla, nada con amor, nada con bondad, nada con venganza, nada con creencia, nada con reconciliación, nada con vida, nada con muerte; ¿entonces con qué ha de hacerse algo?


- Sólo llega de la relación entre la risa y el asombro.


- Los destinos tienen algo de sagrado, en todos los casos.


- Lo normal es una habitación sin puertas y ventanas. Es un enigma cómo va uno a parar allí. Pero hay planos para ello, y a muchos les gusta estar sentados inclinados.


- Las distintas lenguas que uno debería tener: una para su madre, que más tarde no volverá a hablar otra vez; otra que sólo lee y que nunca se atreve a escribir; otra más con la que reza y de la que no entiende una palabra; otra más en la que escribe (pero ninguna carta) y otra con la que viaja; en ésta también puede escribir sus cartas.


- Los pueblos se tienen por inagotables; de lo contrario no se habrían extinguido todos. - Dios ha perecido por la profanación de su nombre; ahora pueden llamarle largo tiempo.



Referenciado y tomado de: http://www.elpelao.com/letras/3245.html

Leer, la mejor forma de vivir [Jelinek]

Por Elfriede Jelinek


Tengo la impresión de haber leído siempre, desde que aprendí, y, desde entonces, cualquier otra actividad me resulta una pérdida de tiempo: es como si me metiera en algo demasiado áspero (sobre todo, en lo que se refiere al contacto con las personas) y ello, probablemente, sea sólo culpa mía. Que lea para no tener que vivir (y, por lo mismo, que también escriba). Y leo mucha novela negra en la que otros, antes de tiempo, tienen que dar por concluida su vida, de manera violenta, al igual que yo creo poder excluirme del tiempo mediante la lectura; también leo literatura barata, revistas de chismes, o lo que sea, pero siempre he de tener ante mis ojos algo impreso, porque no se me ocurre nada más adecuado para mi vida. La lectura es para mí el vestido elegante de la vida: se me ajusta y va conmigo. Los demás pueden clavársenos como una espina, pueden destruirnos y, sin embargo, podemos mantenernos con vida siempre y cuando mantengamos ante nuestros ojos la falsa sentencia de las letras. Esto es un juicio.
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Como mi padre
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Si no se ve más que signos, entonces los otros -que, vistos de cerca, resultarían no ser letras- no lo ven a uno. Mi padre era exactamente igual. Sólo puedo recordarlo con un libro entre las manos. O un periódico. Existen los activos y los lectores, me imagino. Yo soy inactiva, pero no, no lectora, ni tampoco ilegible. En lo relativo a esto, a veces se produce una especie de situación paradójica: mi grado de atención varía de manera grotesca -como ya he dicho- según la consideración que le tribute al material de lectura. Leo filosofía como un ave de presa. Algo pasa hojas como ausente y demasiado tarde me doy cuenta de que ese algo soy yo; tropiezo y, con un grito inaudible, me lanzo sobre el pasaje que acabo de divisar, me lo arranco y, todavía goteando, sangriento y asqueroso, me lo como; el jugo del pensamiento me resbala por la barbilla -cosa nada agradable- e inmediatamente después empiezo a preguntarme (esto que ha ocurrido con tanta rapidez, debería como mínimo volver a repetirse y entonces, tal vez, se quedara) si podré utilizarlo y acabo por fijarlo con hormigón en mi propio texto, de la misma manera en que antiguamente se emparedaba a un ser vivo en los cimientos de los edificios. Supongo que para que el edificio durara más. No creo que mis textos vayan a durar más porque haya enterrado en ellos (y, aun tratándose de un robo, no de manera furtiva) un trozo de la carne de Heidegger o de Nietzsche: luego los germanistas se ponen a jugar a ¡busca, perrito, busca!, que es lo que no deben hacer pero que, sin embargo, hacen. Tal vez lo hagan porque yo, por ese motivo, siempre les echo un rapapolvo.
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Por placer
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Por otro lado, leo una novela negra o cualquier otra cosa por placer, y hete aquí que, de manera involuntaria, vuelvo la vista sobre casi cada párrafo y lo leo de nuevo: lo leo, por así decirlo, hacia adelante y hacia atrás (que es lo que debería hacer con los caminos por los que discurre mi pensamiento: volver a transitarlos, lo que me haría más sensata y además sería lo más sensato), de manera que al final todo lo he leído dos veces, lo que es completamente superfluo, porque mis libros preferidos (no digo cuáles, o debo decirlo, no, no lo diré, aquí nada de intimidades, me daría vergüenza, incluso ante mí misma, porque en definitiva estoy sola conmigo misma), porque mis libros preferidos los leo de todas maneras una y otra vez, y cada vez, también dos veces. ¿Será para que entonces, con más razón, no se conserve nada? Lo doble se conserva mejor, pero probablemente estos libros los lea porque nada ha de conservarse. En cambio, con lo que debería conservar soy tan recelosa que ni me atrevo a mirarlo.
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Pilares de sal
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Evito mirar esos libros que tendría que (o, por lo menos, debería) conservar: los leo por así decirlo tangencialmente, o muy de prisa, arriesgando un parpadeo, como si los pilares fueran a derrumbarse, esos petrificados pilares de sal, todos ellos hechos toscamente a mi imagen y semejanza; porque en el caso de que me quedara mirando mucho tiempo y tuviera que reconocerme como algo que no existe, se derrumbarían sobre mí como algo gigantesco y oscuro y, conmigo misma, me matarían a golpes. Por ello no debo permitirme ser demasiado minuciosa. Las miradas pueden matar y leer puede destruir. Y yo lo he de hacer, como ya he dicho, ininterrumpidamente, pero con mucho cuidado porque si no, la lectura contraataca. Yo sé en qué parte estoy segura (de la página 3 a la 428, o algo así), sé dónde al leer no me pasará nada. Si me fijase mucho tiempo, algo me golpearía el ojo: algo que luego sería la viga que otra persona tendría que quitarme con gran esfuerzo. Y el otro jamás está ahí. Que es justo lo que yo he deseado para mí.©
oo
Articulo: http://www.lanacion.com.ar 18/02/2007




Literatura

El Presidente Más Pequeño de la Historia de EUA
Por José Saramago

La carrera política y empresarial de George Walker Bush, hijo del director de la CIA y, más tarde, presidente número 41 de los EUA, George Herbert Walker Bush, se encuentra narrada y documentada en no pocas obras que han investigado los sótanos de la política estadounidense, y constituye un ejemplo perfecto y acabado de arribismo sin escrúpulos. Este artículo, tanto por la brevedad como por la falta de pretensión, debe ser entendido sólo como una mirada estupefacta sobre uno de los más deprimentes espectáculos representados en el escenario donde implacablemente se juega, como si de simples marionetas se tratara, con el destino de millones y millones de seres humanos.


Música [Artículos/Notas/Reseñas]

Los años 50
Por Mariana Enriquez

Hace un par de años Nick Cave atravesó dos momentos cruciales en la vida de un artista: llegó a la cima de su estilo y a una furiosa crisis de la mediana edad. Ahora, tras giras, colaboraciones y bandas de sonido, de cara al difícil desafío de envejecer sin convertirse en un bronce, ha dado una nueva muestra de ductilidad, talento y sabiduría: volvió a las bases, coronó su racha más productiva y se volvió saludablemente loco. Dig!!! Lazarus, Dig!!! es otra muestra del lugar que merece en el Olimpo de los cantautores.

Entrevistas

Entrevista a Julio Cortazar
por Por José Julio Perlado
Entrevista realizada en Madrid el 24 de mayo de 1983
http://www.ucm.es/info/especulo/numero2/cortazar.htm


¿Con qué libro suyo anterior puede emparentarse más?

- Me resulta difícil establecer o hacer así rápidamente un análisis mental de todos mis libros de cuentos anteriores. Yo tengo la impresión de que este libro simplemente agrega una serie de cuentos a una cantidad ya bastante crecida y que abarca más de treinta años de trabajo, es decir, ese tipo de cuentos que me son naturales, por así decirlo, o sea cuentos donde el elemento fantástico se hace casi siempre presente, no siempre, pero casi siempre son cuentos donde todo lo latinoamericano está también muy presente no sólo en el lenguaje sino en la temática, y concretamente hay dos cuentos que se desarrollan en la Argentina. O sea que en realidad yo no diría que hay la menor ruptura en la serie...

Discos

Nine Inch Nails: Ghost I-IV

El grupo estadounidense Nine Inch Nails, decidió seguir los pasos de Radiohead y lanzar al mercado su nuevo disco Ghosts I-IV, una colección de 36 temas disponible en varios formatos digitales y físicos a un precio que varía entre los U$S 0 y los U$S 300

Reseña de Libros

El Primer Científico Loco
Por Damian Huergo

Leonardo es el Hamlet de la historia del arte, a quien cada uno de nosotros tiene que recrear a su medida”, dijo el historiador del arte Kenneth Clark. El físico teórico Fritjof Capra, al leer la declaración, la siguió al pie de la letra, y en su último libro se atrevió a confeccionar a su Leonardo. La aparición tardía de los cuadernos de notas del genio del Renacimiento –en donde describe sus experimentos mediante dibujos y meditados análisis– y la caducidad del paradigma newtoniano le permitieron a Capra explorar una zona oscura y poco frecuentada en Leonardo: su obra científica.

Comics y Animaciones

Closed Zone Un Corto de Animación que ilustra las condiciones de aislamiento en Gaza. Nota de Prensa de El Pais.com

Crítica cinematográfica

Inland Empire [David Lynch/2006]
Tomado de http://denmeceluloide.blogspot.com

Desquiciada, extravagante, abrumadora, Imperio sigue en la línea más personal, libérrima y trastornada de Lynch, en la que se situarían películas como Eraserhead, Carretera perdida y Mulholland Drive. Lynch insiste en seguir siendo Lynch. Cuando un diálogo comienza a parecer “normal” algo siniestro lo corta antes de que termine. Cuando el espectador cree que se puede aferrar a algo que se asemeja a un “argumento”, inmediatamente se desintegra entre sus dedos [...]